La televisión y la sociedad actual mexicana

 

*Lo que no existe en la televisión; ¿existe en realidad? […] Las imágenes siempre atractivas al público, yuxtaponen el surtidor de gasolina y el camello, la coca-cola y la aldea andina, los blue jeans y el castillo principesco […] la cultura se está reduciendo al entretenimiento, y el entretenimiento se está reduciendo al espectáculo, el espectáculo se convierte en fuente de poder económico y político; la información se está reduciendo a la publicidad y la publicidad a la manda.

 

Eduardo Galeano

 

            Para comenzar este ensayo no creo necesario tener que dar una definición estricta de la palabra “televisión” que, comúnmente es utilizada para denominar un objeto tan conocido como el cielo, los árboles o la “coca-cola”. De ninguna manera mi intención es atacar este aparatito de forma poco definida (pues varía dependiendo del modelo del que se esté hablando) a través del cual se transmiten programas y comerciales, formados por imágenes que transmiten mensajes; mensajes que luego crean modas, estilos de vida, variaciones del lenguaje; que ofrece mucho para hablar, mucho para comprar, mucho para “aprender” cómo vivir, pero poco para pensar.

 

            Semánticamente ubicamos a la televisión entre los medios de comunicación debido a su función, que es llevar información y entretenimiento a quien le apetezca recibirlos. Entre la programación que ofrece este artefacto hay una enorme variedad de programas para todos los gustos y públicos, hay desde programas educativos e informativos hasta telenovelas, películas y programas de cocina o dedicados al clima. En definitiva la televisión es un medio bastante útil para exponer al mundo ideas, hechos relevantes, promocionar productos, etc., y todo esto debido al alcance que tiene a nivel mundial. Pero al igual que muchos de los avances tecnológicos que ha logrado el hombre, la televisión ha sido inicuamente manipulada para beneficiar a unos cuantos a costa de otros tantos que usualmente no nos detenemos a meditar sobre lo que nos ofrece la pantalla y lo que tomamos de ella.

 

            La realidad social de nuestro país en la actualidad es bastante cruda, muchas personas han decidido refugiarse frente al televisor de las preocupaciones que les ofrece la vida diaria, ciertamente pasar una o dos horas viendo televisión es mucho más accesible y barato que tomar unas vacaciones, y en ese tiempo de relajación la programación puede conducirnos a lugares y escenarios capaces de robar totalmente nuestra atención y quitar de nuestra mente las preocupaciones que nos llevaron hasta este aparato, es decir la tele es capaz de vendernos aunque sea por unos instantes ilusiones que sin duda no son nada despreciables. En esta misma actualidad nuestra, la difícil tarea de educar y controlar a los niños, ha llevado a muchos padres a colocar a sus hijos frente al televisor durante horas para tenerlos tranquilos, y muchos de estos padres no se han detenido a evaluar estrictamente los programas que consumen sus hijos ni en el tiempo les dedican a estos, de esta  manera la televisión se convierte así en uno de los factores que definen la personalidad de estos infantes;  una muestra clara de esto la encontramos en que la mayor parte de las expresiones y los temas que utilizan los niños y jóvenes en sus conversaciones giran en torno a lo que pasó ayer en tal o cual canal.  

            Es así como la televisión pasa de ser un eficiente medio de comunicación, relajación y entretenimiento a una especie  de droga para la mente de sus espectadores, ya que la mayor parte de la programación y publicidad que ofrece está diseñada para enganchar al televidente y hundirlo en un mundo inexistente e inalcanzable, pero mucho más agradable que el real, ya que no se requiere de un gran esfuerzo mental para dejarse llevar por los colores y las atractivas señales visuales que la tele ofrece. Una vez atrapado, el espectador es capaz de dejar su vida para adoptar los estereotipos e ideologías transmitidas a través de la pantalla, así es como los niños crecen con anhelos consumistas y aprendiendo mucho más sobre la cultura extranjera  que de la de su propio país, es así como poco a poco se han venido añadiendo nuevas expresiones al léxico del mexicano, como se han quedado rezagados los deportes y las actividades que requieren un esfuerzo mental más allá de llevar la cuenta de cuánto tiempo falta para que comience el “reality show”.

 

            Pero mi intención no es satanizar al buen aparto cuya forma no he podido aún definir, concretamente lo que busco es hablar sobre el impacto que ha generado en nuestra sociedad, hablar a cerca de la influencia que tenemos como resultado del uso que nosotros le damos.

 

            Fue en 1929 que se llevaron a cabo las primeras transmisiones televisivas, en sus comienzos, la televisión prometía convertirse en un medio para difundir información, cortar distancias, promocionar productos, y sobre todo para llevar de la mano a la población mundial a un crecimiento tecnológico y al inicio de una nueva etapa. Actualmente la televisión sigue siendo portador de información para todos los gustos, este artefacto es capaz de vencer  los escollos que representan el mar y las montañas para llevar información desde diversas partes del mundo a los lugares más recónditos del planeta, siempre y cuando estos cuenten con señal satelital; si bien la televisión se ha convertido en una especie de catálogo que nos muestra productos quiméricos, aunque muchas veces inaccesibles, también ha guiado al mundo entero hacia una nueva era. Definitivamente este invento fue el inicio de una ola de avances tecnológicos y, al menos en nuestro país y como lo veo yo, de decadencia intelectual y cultural.

 

            Eduardo Galeano menciona en su libro “Patas arriba” que trabajar, dormir y mirar televisión son las tres actividades que mayor tiempo ocupan en la vida de las personas, y es cierto,  dormimos ocho o más horas al día, pasamos alrededor de 6 a 8 horas en el trabajo o en la escuela, y el mexicano promedio dedica de tres a cuatro horas a mirar la tele diariamente, lo cual deja con cinco o menos horas al día para realizar otro tipo de actividades como deportes, lecturas, etc. En el mismo texto, el autor uruguayo nos dice que hay cerca de mil doscientos millones de televisores en el mundo, y a propósito de nuestro país menciona que en la mayoría de las casas los muebles han sido ubicados en torno al televisor, dándole así un lugar por mucho superior a otros electrodomésticos que resultan mucho más útiles, este argumento puede sonar un poco insignificante, sin embargo es una muestra clara de la importancia que ha tomado la televisión en un típico hogar mexicano.

 

            Durante mucho tiempo se ha dicho que en México la televisión y los medios de comunicación son “El cuarto poder”, Jenaro Villamil habla un poco de esto en su libro “La televisión que nos gobierna”, el cual no solo retoma el aspecto político sino también el cultural y la influencia que ha ejercido este medio desde sus inicios, y es este el punto que me gustaría retomar. Parafraseando algunas de sus ideas, decimos que la tele nos gobierna porque la información que transmite está diseñada para emitir mensajes que nos convencen de comprar, de adoptar ideologías, de no pensar, de no cuestionar lo que nos regala la pantalla, todo esto oculto bajo el sutil disfraz del entretenimiento que también ha decaído mucho en algunos aspectos, nos gobierna porque se ha fusionado con las vidas de sus espectadores que son la mayor parte de la población que abandona el criterio al apachurrar el botón de encendido.

 

Y el problema con la televisión, no es la televisión en esencia, si retomamos la definición del inicio y consideramos este objeto únicamente como “un aparatito de forma indefinida”, veremos que la televisión tantas veces señalada como “caja idiota” es solo el medio entre las grandes empresas que la manipulan y juegan a los títeres con la otra cara de la moneda, audiencia. Pues bien, las grandes empresas televisoras en nuestro país se enriquecen ofreciendo programación “chatarra” al público, transmiten novelas que nos venden utopías y estereotipos; películas y series que fomentan la violencia y promueven la sexualidad sin distinguir entre público que recibe, un niño de 5 años que sabe encender el televisor tiene el acceso a los mismos programas que un adulto de 36 años; programas y foros que promueven el consumismo y lejos de nutrir con conocimientos al espectador lo llenan con las cosas más vanas de actualidad; nos inunda con los chismes y los datos más sensacionalistas del momento; nos entera con noticieros muchas veces amarillistas o llenos de nota roja, en fin las empresas televisoras han tenido a la audiencia comiendo en la palma de su mano por muchos años, alejándola de la realidad por la que atraviesa. México es un país en el cual cerca de la mitad de la población vive en la pobreza pero aspira al capitalismo extranjero, quizás sea resultado de la publicidad que bombardea cada siete minutos entre comercial y comercial, la programación nos ofrece un mundo de colores fuera del cual la mayor parte de las personas opta por la indiferencia ante los problemas sociales que aquejan a nuestro país, dejan de creer en el cambio y dejan de luchar por el cambio.  El santo refugio del mundo real ha hecho que la mayor parte de los mexicanos olviden el deporte, el entretenimiento al aire libre, los juegos de mesa que desafían la lógica y el conocimiento, la literatura, la historia, el lenguaje, y hasta la vida.

 

  Las grandes industrias televisoras se preocupan mucho más por su negocio que por el crecimiento cultural e intelectual de la población, y así ofrecen “telebasura” al público que está dispuesto a tomar lo más gracioso, escandaloso, chusco, divertido, vano y sin sentido de la programación, es decir la tele es el medio entre el comerciante y su comprador, quizás el primero nunca estará dispuesto a ceder ante las necesidades reales del segundo, sin embargo el comprador siempre está en la posibilidad de elegir si jugará o no a las compras, y si lo hace, a elegir el producto que más le convenga. Lamentablemente más allá de las metáforas, el espectador ha descuidado demasiado sus posibilidades de elegir, pero nunca es demasiado tarde para llevar a cabo el cambio que se necesita para dar un paso hacia delante.

 

            En nuestro país tenemos dos grandes monstruos titiriteros, sus nombres no son secreto: Televisa y TV azteca, las fábricas de sueños y decadencia. Debo admitir que entre su repertorio cuentan con dos o tres programas que se salvan de ser “telebasura”, pero eso no rescata al resto de la programación de su realidad como contaminantes de las masas. Estas dos empresas poseen la mayor parte mercado televisivo en nuestro país por  tratarse de televisión abierta que es a la que la mayoría de los mexicanos tenemos acceso. Es mi deber mencionar que aparte de estas dos empresas en nuestro país existen también canales de excelente calidad disponibles al público en general, en Puebla tenemos por ejemplo el canal 26 de SICOM que ha incluido en su programación material de TV UNAM y del Politécnico Nacional, y añado esto únicamente con el afán de mostrar que mi postura no es satanizar la programación de los medios.

 

            Evidentemente, hay más de una parte involucrada en este conflicto, ya que el comprador antes mencionado también participa. Si bien es cierto que la televisión (refiriéndome al contenido) está diseñada para distorsionar la realidad y llevar al espectador lejos del piso, no es la única culpable del decrecimiento cultural que podemos atestiguar en la actualidad, porque es el espectador quien decide encender el televisor e involucrarse con su contenido. Es el espectador quien elige los programas que consume, quien decide hacer caso a los mensajes que la tele transmite, es quien dejó los libros, las actividades al aire libre y todo lo mencionado párrafos atrás, y nadie le puso grilletes para dejarse llevar por la ola de mercadotecnia. Muchas personas no se percatan de estos pequeños detalles, pero nuestro país se encuentra sumergido en una crisis global que va más allá de lo económico, crisis educativa, cultural, crisis de ideas, entre muchas otras que nos aquejan, y todas estas existen no porque las empresas manipulen a las personas por medio de su programación altamente adictiva y sugerente, sino porque las personas han decidido bañarse de ignorancia (adquirida por el alto consumo televisión) antes de tomar acción sobre esta situación.

 

El hecho de saber utilizar el control remoto, o entender el mecanismo para encender el “aparatito de forma indefinida” no es sinónimo de saber ver televisión, para saber el espectador tiene que adquirir criterio para elegir los programas que sintonizará, los padres tienen que procurar lo que ven sus hijos, seleccionar cuidadosamente el contenido. Una manera de crearse un buen criterio comienza por hacer uso de otros medios de comunicación como el periódico o la radio, que también ofrecen entretenimiento e información; además, comenzar a cuestionarnos sobre lo que muestra la pantalla: ¿Qué me ofrece el contenido de este programa? El problema no se encuentra en la televisión como tal, y como espectadores estamos en el papel de reflexionar sobre lo que estamos recibiendo y decidir cuánto de esto vamos a transmitir en nuestras vidas, estamos en la posición de pedir una mejor programación, sin embargo si ésta no llega a aparecer nunca, debemos colocarnos en una postura de reflexión al momento de colocarnos frente al televisor.

 

Si bien la televisión manejada apropiadamente puede convertirse en un medio de entretenimiento adecuado, existen muchas otras opciones para pasar los ratos de ocio y relajación que poseemos, podemos realizar actividades deportivas que además de promover la convivencia proporcionan mayor salud física y emocional a los individuos; podemos tomar un libro que seguramente ofrecerá momentos a la imaginación para proporcionar una satisfacción mucho mayor que un rato de tele.

 

Finalmente quiero concluir con una pregunta que espero sirva de reflexión después de este breve análisis sobre la televisión, su programación y la simbiosis que existe entre este artefacto y el individuo: ¿Verdaderamente le hemos dado a la televisión un uso adecuado?

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: